
no hubo premeditación, sólo salir sola del cine, encuentro in-esperado, se me acerca y le digo, "veinte minutos, a las ocho paso a buscar a los chicos", hubiese debido irme, pero existe ese segundo en el que todo se detiene, la mirada corta, fija, ésa que obliga a quedarse quieta, que encierra y emborracha de quiero, de no importa, de sí, y después la mirada va en busca de un par de sillas en el bar, un café rápido o lo que sea, "y los chicos cómo están", y en algún momento los hombros se alzan explicando que Todo está bien... los chicos, el café corto o largo que a quién le importa el café que sólo un rato para verte - en verdad café hoy ya tomé tres- ,y es ahí cuando uno se apura más de lo que debe, porque el miedo empieza a galopar por las piernas, y sube y sube y llega hasta la garganta y la voz / qué peligro/ casi se desvanece hundiéndose en la emoción.
El sol atardecido recuerda a otros soles, soles blandos de finales de verano, de veranos idos, lejanos, intensos de sin límites, de pronto /las palabras se van se encierran enredondoscírculosvítreosqueflotan livianoscomoburbujas frente a nosotros dos/ y entonces el delicioso clac de la lengua, ínfimo, leve, que se acomoda en la boca para que se haga el primer silencio, silencio de esperas, de paciencia improvisada, de no sé qué hacer...
esta mañana llovió , el aire es fresco es frutas y flores frescas de frescura inimitable, la calle se va quedando sola de siluetas y la luz de este anochecer de febrero se vuelve eternidad, nos sentimos tan bien , así, casi en falta, ni siquiera culpables, y es cuando siento el roce inevitable de su mano sobre la mía.
Estamos los dos solos, el recuerdo de los nuestros de hoy, tan lejos como nuestro primer beso, el primer amar-nos sin más música que la del respirar, pero el ocre de la hora que avanza me alumbra y me alerta/susurra, insistente -con voz ásperadeenojo- que el recuerdo de los nuestros está tan lejos como nuestro primer beso, y deseando no desear quedarme y sin mirarlo, escucho el clac de mi lengua que se articula para decirle, " es tarde, ya tengo que irme". La noche merodea apacible y luces, yo no.
Gracie


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