domingo, 13 de julio de 2008

Un Vaso de Blues



BLUES, bLUEs, bLUes, bLues, blues...silencio, y el último de cuatro vasos de ginebra, la última gota, fondo blanco, imágenes desplegadas en dos, en cinco, en diez, salir de ahí de la mano del Negro, por el callejón destartalado y lúgubre que lleva al puerto, trastabillando, cayendo-levantándo-se, casi no podía, pero él siguió, arrastrándola, hija de tumbera, cayó de rodillas y otra vez arriba, las rodillas rojas, un hilo de sangre regando el adoquín, la luna cuarto más menguante que nunca, verguenza de mirar, impotencia, cien metros más, la bruma impertérrita, una sirena con la voz embriagada de ausencias anuncia el final del calvario, uno, dos, tres, y por fin, el agua quebradiza y sucia, la silueta frágil hundiéndose, desapareciendo, burbujas negras, soledad, y el Negro que vuelve por el callejón sin faroles, con los ojos iluminados, la sonrisa que le abre la boca a la fuerza, y después silba, y frota con las alpargatas la sangre húmeda aún, aunque a un lejos infinito de su alma, de su hastío y de su furia, de su decisión inapelable; decepción de límites borrados, paraíso perdido.

Gracie

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