
La desconocía por completo, ya no le gustaba. Algo grave, entrecortada, hasta burda."Si fuese una tela sería gruesa tosca"-pensó la mujer.
¿Y si intentaba imitar a la otra, la que la distinguió, la que le era propia?; la segunda, la de la primera mitad de su vida.
¿Cómo hacerlo cuando algo desaparece sin dejar rastros?
La boca, todavía poderosa, la voz agradable, los gestos -pájaros de abril-; el resto también continuaba allí, en la sinuosidad de la piel cubriendo aquel cuerpo de huesos rectos firmes sensuales. Pero más allá, nada quedaba del ríoalado del marcalmo del tifónembriagador que supo hablar de ella sin palabras.
Hacía tanto que estaba ausente, tanto.
Por ello, aquel invierno inusitado la sorprendió, cuando en medio de la plaza, con el sol secuestrado de julio, el hombrecito de pelo rubio e hirsuto, recogido con dos colitas aprisionadas dentro de dos moños rojos, en el silencio de domingo sin presencia, declamó cuatro o cinco frases inteligentes, madres de toda la gracia, mientras agitaba telas de colores envolviendo su cuerpo esmirriado... y todo le pareció absurdo, y ella misma se sentía absurda al sentir lo absurdo de la situación, y también la de la gente que la rodeaba; y luego, una filademinutos de luego, su respiración, ¿también absurda?, que comenzó a agitarse ante la emoción precipitada que precedió al milagro.
Entonces ella pudo, y gozó al escucharse casi sin saber si creerse, y tanto, que de vuelta a su casa, caminó ligera, como dando pequeños saltos imperceptibles, ésos que se parecen a cuando el corazón está por estallar de alegría consumada, y se sintió extranjera en su cuerpo.
Entonces ella pudo, y gozó al escucharse casi sin saber si creerse, y tanto, que de vuelta a su casa, caminó ligera, como dando pequeños saltos imperceptibles, ésos que se parecen a cuando el corazón está por estallar de alegría consumada, y se sintió extranjera en su cuerpo.
¿Cuándo duran los milagros? Si son milagros, deberían durar por siempre -pensó la mujer dubitativa. Pero acaso, ¿aquel lo era? ¿Cuánto duran los milagros? ¿Cuánto duran? ¿Cuánto?.
Llegó al edificio de siempre, subió lentamente por la escalera de siempre, abrió la puerta del departamento, y lo vio sentado en el sillón de siempre, viendo su programa dominical.
Se metió en el baño, se bañó con agua muy caliente, sacudió la cabeza como un perro para secarse y/o sacarse pulgas, buscando desterrar la sensación de que sí pudo; porque supo que otra vez, ya no podría.
Porque pudo con todas las penas; con el alma y con el cuerpo. Pudo con su piel y con su pelo. Pudo con la mirada, que aún atraía a otras miradas desde aquelbrillo oscuro y distante, pudo, pudo con todo, jamás con ella. Ella, la jamás recuperada; exhiliada de su boca, de la saliva, de la laringe, del hueco más hondo del pecho, del oxígeno que le surca la sangre, del rincón apretado del vientre en el que duermen sus sueños.
Su risa, antes, burbujas festivas -alumbrando- fuegoqueabriga -incitando- actodemagiassinsecreto raíz-tronco-hoja-cielo- arribayabajo del amor; pero con ella, no pudo. Paraíso de vendavales deseados, aullidoazul, fugitivaerrante; así fluía, nacida de una belleza imperial, de la constelación de todos los sentidos, y ahora, ausente por decreto sin decreto de palabras sin pronunciar en un día sin fecha de un comienzo sin final.
Llegó al edificio de siempre, subió lentamente por la escalera de siempre, abrió la puerta del departamento, y lo vio sentado en el sillón de siempre, viendo su programa dominical.
Se metió en el baño, se bañó con agua muy caliente, sacudió la cabeza como un perro para secarse y/o sacarse pulgas, buscando desterrar la sensación de que sí pudo; porque supo que otra vez, ya no podría.
Porque pudo con todas las penas; con el alma y con el cuerpo. Pudo con su piel y con su pelo. Pudo con la mirada, que aún atraía a otras miradas desde aquelbrillo oscuro y distante, pudo, pudo con todo, jamás con ella. Ella, la jamás recuperada; exhiliada de su boca, de la saliva, de la laringe, del hueco más hondo del pecho, del oxígeno que le surca la sangre, del rincón apretado del vientre en el que duermen sus sueños.
Su risa, antes, burbujas festivas -alumbrando- fuegoqueabriga -incitando- actodemagiassinsecreto raíz-tronco-hoja-cielo- arribayabajo del amor; pero con ella, no pudo. Paraíso de vendavales deseados, aullidoazul, fugitivaerrante; así fluía, nacida de una belleza imperial, de la constelación de todos los sentidos, y ahora, ausente por decreto sin decreto de palabras sin pronunciar en un día sin fecha de un comienzo sin final.
La mujer ganó tres o cuatro batallas. La victoria final, se la arrebataron una noche de vestidodeluces y nubesnegrasde verano.
La mujer se ganó una sonrisa de por vida, sin vida, sin música, sin ritmo, sin ardor ni sudor, sin pasión ni deseo. Sin alguna cuerda para desgarrar, al menos.
La mujer se ganó una sonrisa de por vida, sin vida, sin música, sin ritmo, sin ardor ni sudor, sin pasión ni deseo. Sin alguna cuerda para desgarrar, al menos.
Gracie


1 comentario:
-Me sentí tan identificada con " el rincón apretado del vientre en el que duermen sus sueños". Por ahí anidan los mios. Bsos. Ade
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